Magdalena Day

Hacia una cultura híbrida


Desde que irrumpió el COVID-19 y esta pandemia que nos cambió la vida leo cada vez más el «híbrido» aplicado sobre todo a lo educativo.

Desde que irrumpió esta pandemia leo cada vez más el término «híbrido» , que antes reflejaba una tendencia más bien experimental con la virtualidad, aplicado a experiencias de todo tipo.

Me resulta un término útil para transmitir ideas que de hecho tienen muchos años: lo virtual-digital complementa lo presencial.  Este año hubo una gran reinvención de un sector: la cultura, que tiene que dar a conocer destinos, obras de arte, programas educativos, intentando «meterse» en las casas. Lo viví participando en cursos sobre programas educativos para museos, participando de jornadas para educadores de museos como el Guggenheim, etc.

En educación, por ejemplo lo vi en esta nota de la Escuela de Negocios de Harvard sobre cómo están implementando experiencias que incluyan lo virtual y las posibilidades que se puedan implementar en espacios físicos. Lo más curioso fue leer cómo buscan «crear comunidad». Esto es exactamente lo que trabajo hace unos 3 años, y la propuesta que presenté en el MIT, en el Connected Learning Summit: una propuesta de comunidad de indagación en red.

En Argentina es algo que sucede hace tiempo, y especialmente pospandemia, el arte será pensado en los espacios públicos. Lo que hoy se ve como lo que será una nueva configuración en la acción y análisis de la cultura es lo que desde hace mucho también proponen autores como Manuel Castells e investigadores de comunidades online.

Escuela Pública-Brooklyn New York foto vía Hyperallergic

En su trilogía La Era de la Información Castells dice que la práctica social se desenvuelve en un espacio dual, conformado por el espacio de los flujos -término del autor- y el espacio de los lugares. Ya les comenté un poco en este video cómo los orígenes de esta conceptualización vienen de los años de Castells en la Sociología Urbana. El foco en el espacio público como terreno de la acción política y de la identidad, encontró un complemento en el espacio digital.

Por otro lado, volviendo a lo «híbrido», hasta este mes no lo usé nunca, pero me pareció bueno para transmitir estas ideas. Pero lo que hoy se denomina «híbrido» es lo que en trabajos como el de Castells, y el de muchos autores más es el espacio de la acción social por default. Es decir, no hay separación, de la misma manera que lo que pongo en Twitter no responde a una identidad paralela, sino que refleja mi pensamiento.

Desde principios del s. XX se dejó de lado esa separación entre lo virtual (digital) y lo real. En palabras de Castells: la virtualidad es real. Los primeros estudios sobre comportamiento social e Internet se focalizaron en las comunidades (Howard Reinghold por ej.). Les pongo un ejemplo de esa época, la mayoría de los usuarios de comunidades virtuales usaba seudónimos, alias, incluso después vimos Second Life como una plataforma en la que podíamos tener un avatar y plantear una segunda identidad.

Desde que empezaron a surgir las redes sociales comerciales como las conocemos: MySpace, Facebook, Twitter, los blogs, etc. el comportamiento en estas plataformas seguía las mismas pautas que el que podíamos tener en la calle, en un bar, o un aula.

Bueno, me extendí un poco pero lo que quería era hacer una síntesis sobre cómo hablamos de híbrido para comunicar que hay una dualidad ahora, en la educación, y en cualquier otra actividad humana. Es la razón por la cual es tan válido trabajar desde tu casa como en una oficina.

Lo mismo en la cultura. El título de este post viene a colación por estos meses de museos cerrados, instituciones culturales y de arte que en muchos lugares no tuvieron drama con pasar unos meses online. Ya tenían toda una arquitectura de la información, contenidos y actividades que se trasladaron a la casa.

Pero es poco probable que volvamos a lo que era hace 8-10 meses. Pienso en un viaje a futuro y me pregunto si podré visitar 3-4 museos por día como en varias oportunidades, si podré andar por alguna ciudad y meterme a una galería o quedarme horas en una plaza.

Por otro lado, las oportunidades que da esta nueva condición híbrida de la educación y de la cultura son infinitas. En Mendoza, como hace rato vengo comentando, no hay identidad de cada museo, no hay sitios, colecciones, archivos, como sí tienen la mayoría de los museos de ciudades que van de Buenos Aires a Amsterdam y Singapur. Esto es una realidad que lleva décadas y colores políticos distintos.

Hubo sin embargo un esfuerzo y una acción rápida por llevar conocimiento de los espacios culturales a los ciudadanos. Participé en algunas charlas y descubrí lugares que ni conocía, como fue el caso del webinar sobre el Museo de la Educación (antigua Escuela Mitre), y en otro muy interesante sobre el Museo Fader, que estuvo a cargo de Pablo Chiavazza, del Instituto de Historia del Arte de la FFyL-UNCuyo.

Charla de Pablo Chiavazza sobre el Museo-Casa Fader

Sin dudas, lo que necesita cada uno de esos espacios es: sitios, equipos, programas. Pero estas acciones estuvieron interesantes. Sobre la restauración de la Escuela Mitre-Museo Educativo, que ni sabía que existía porque no funciona como museo me pareció interesante el comentario «cuando la gente tenga una lectura del lugar» para graficar cómo primero podemos conocer una institución, obra de arte, museo, etc. virtualmente y que eso nos permita movilizarnos hacia los espacios físicos.

Es una oportunidad para la cultura de «meterse en nuestras casas», más que como recitales, charlas, con programas consistentes y que trabajen el largo plazo.

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